El ecosistema tecnológico europeo entra en una etapa de consolidación y redefinición. Tras un ciclo de crecimiento acelerado, marcado por la digitalización y la irrupción de la inteligencia artificial, las organizaciones de EMEA afrontan ahora un nuevo reto: convertir la tecnología en productividad sostenible y el talento en una verdadera ventaja competitiva.
El mercado ya no demanda únicamente especialistas técnicos, sino profesionales capaces de integrar la tecnología en la estrategia de negocio, impulsar la innovación y garantizar que las inversiones digitales generen retorno real. La escasez de perfiles cualificados sigue siendo estructural, especialmente en ámbitos como cloud, datos, ciberseguridad, automatización y desarrollo low-code, lo que obliga a las empresas a competir en un escenario global por atraer y fidelizar talento crítico.
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