¿En qué consiste el modelo de “mochila austriaca”?

La actualidad política en nuestro país ha puesto sobre la mesa un concepto nuevo para muchos ciudadanos. Se trata de una medida económica que varios partidos políticos ven con buenos ojos. Lo plantean como una opción para renovar el mercado laboral y modernizarlo. En esencia, se propone la implantación de un fondo de capitalización individual por despido. Este modelo se conoce con el nombre de “mochila austriaca”.

Qué es la “mochila austriaca”

También conocido como “modelo austriaco”, la “mochila austriaca” no es un concepto que haya aparecido recientemente en España. De hecho, José Luis Rodríguez Zapatero o Mariano Rajoy ya lo tuvieron en cuenta en su momento, cuando presidían el país. Por distintas circunstancias, en aquellas ocasiones quedó descartado. No obstante, la idea ha vuelto a ser defendida en la actualidad por distintas formaciones políticas.

Esta medida supondría un giro de 180° sobre el modelo de indemnización por despido actualmente vigente en España. Seguir el modelo austriaco supone, precisamente, la eliminación de las indemnizaciones que en la actualidad perciben los trabajadores cuando son despedidos por sus empresas.

A cambio, la nueva práctica basada en la fórmula austriaca propondría la creación de un fondo por cada trabajador. El empleador debería realizar aportaciones económicas cada mes por cada uno de sus empleados. Estas contribuciones se llevarían a cabo durante toda la relación laboral.

Las cantidades servirían para que cada trabajador pudiera engrosar su “mochila” a través de una cuenta de ahorro individual. Estas cantidades podrían ser invertidas con el fin de que generasen rendimientos para el titular.

En el supuesto caso en el que se produjera un despido, en lugar de una indemnización, el trabajador percibiría todo el dinero que su “mochila” ha generado desde que comenzara su relación laboral con la empresa. En el caso de los empleados que lleguen a jubilarse, sin haber sido despedidos o haber decidido cambiar de organización, podrán llevarse consigo todo lo que haya acumulado en su “mochila austriaca”.

Diferencias con el sistema de indemnización español

Es notoria la diferencia radical de modelo laboral que propone esta medida con respecto al que se mantiene en España. Nuestra legislación vigente asocia la indemnización por despido a las condiciones salariales de los trabajadores y el tiempo que han prestado servicio a la empresa.

De esta manera, se contempla la indemnización en el supuesto de que el contrato llegue a su fin o que se extinga a través de un despido. Esta cuantía es mayor cuanto más elevado fuera el salario y la permanencia en el servicio.

Bien es cierto que la ley limita las cantidades. Para ejemplificar el funcionamiento, podemos acudir a un caso de despido por motivos objetivos. La normativa laboral determina que el trabajador deberá ser indemnizado con 20 días de salario por año trabajado.

Así queda estipulado en el art. 53.1 del Estatuto de los Trabajadores. En su apartado b) señala que la empresa debe “poner a disposición del trabajador, simultáneamente a la entrega de la comunicación escrita, la indemnización de veinte días por año de servicio, prorrateándose por meses los periodos de tiempo inferiores a un año y con un máximo de doce mensualidades”. Es decir, la indemnización no superará 12 salarios.

Esta forma de proceder también se aplica en el caso de tener que indemnizar por despido injustificado o cuando los contratos temporales llegan a su fin. En estos supuestos solo cambian los multiplicadores y los límites.

Es el caso de las condiciones recogidas en el art. 56, referido al despido improcedente. En su apartado 1, el Estatuto de los Trabajadores recoge lo siguiente: “Cuando el despido sea declarado improcedente, el empresario, en el plazo de cinco días desde la notificación de la sentencia, podrá optar entre la readmisión del trabajador o el abono de una indemnización equivalente a treinta y tres días de salario por año de servicio, prorrateándose por meses los periodos de tiempo inferiores a un año, hasta un máximo de veinticuatro mensualidades. La opción por la indemnización determinará la extinción del contrato de trabajo, que se entenderá producida en la fecha del cese efectivo en el trabajo”.

Como se puede observar, tal y como ya habíamos formulado, la legislación española en materia laboral mantiene la vinculación de salario y años de servicio. Este es el uso para determinar el cálculo de la indemnización del trabajador.

Qué se pretende con el “modelo austriaco”

La “mochila austriaca” se contempla como una supuesta solución para algunos de los problemas más graves que presenta el mercado laboral español:

  • Dualidad.
  • Falta de flexibilidad empresarial.
  • Exigua movilidad laboral de los empleados.
  • Reservas en cuanto a contrataciones.
  • Acabar con la práctica de alargar la situación de desempleo para cobrar los subsidios.

Este modelo económico y laboral recibe su sobrenombre del hecho de que fuera Austria el primer país en adoptarlo. Desde 2003 se implementó una deducción de un poco más del 1,50% del salario del empleado para que se ingresara en ese fondo individual.

Durante casi una década España lleva fijando su atención en el “modelo austriaco”. Incluso se llegó a comentar de manera informal que el sistema podría complementarse con el de las indemnizaciones por despido que se aplica en nuestro país.

Se dijo que la “mochila austriaca” se encargaría de la financiación de 8 días por año trabajado. El resto, hasta 20 o 33 (dependiendo del tipo de despido), seguiría corriendo a cargo de las empresas.

A pesar del interés que este sistema ha despertado en los distintos Gobiernos de España y entre los partidos mayoritarios de la actualidad, la medida continúa sin abordarse en profundidad.

El escollo parece encontrarse en la financiación. Si recae sobre el trabajador, los empleados verían recortados sus ingresos. Si se hacen cargo las empresas aumentarían los costes laborales. Al margen de esta cuestión, la implantación de la “mochila austriaca” parece estar más cerca de lo que parece.