Evolución de los salarios y la metáfora de la tarta

En el reciente Monitor Adecco sobre oportunidades y satisfacción en el empleo, se recogen entre las variables que componen este indicador el nivel de los salarios, la evolución de los salarios y efectos sobre el Empleo y el poder adquisitivo que dicho salario aporta en cada Comunidad Autónoma y en el conjunto de España.

En teoría económica suele hablarse de la metáfora de la tarta para referirse al reparto de la riqueza. Hay quienes piensan que la obligación de los que gobiernan es la de preocuparse sólo por repartir lo que haya. Otros entienden que lo mejor es procurar que la tarta sea lo más grande posible y que sea el mercado el que decida cómo se hace el reparto.

Finalmente hay que añadir a los eclécticos, quienes proclaman que la virtud está en el crecimiento de la tarta y además en que el reparto sea equitativo.

Detrás de esta reflexión sobre riqueza, salarios y su efecto sobre el empleo, descubrimos la paradoja de la redistribución:

Si hay tarta para todos podremos redistribuir esa riqueza; si la tarta cada vez es menor, nuestro drama será que sólo podremos redistribuir pobreza.

Detrás de las medias estadísticas, vemos que hay distancias enormes entre las Comunidades Autónomas que más suben, como Baleares (+2,7%) y las que menos, como Extremadura (+1,6%). Y que el salario medio en el País Vasco es un 45% mayor que en Extremadura. Luego en el reparto y en el tamaño de la tarta hay muchas variables que analizar.

Evolución de los salarios y efectos sobre el Empleo

Parece deseable que los salarios crezcan. Sin embargo, tras la subida del SMI en diciembre, vuelven a renacer algunas voces críticas. Parece haber consenso en que la subida indiscriminada del salario mínimo del 22,3% fue excesiva a tenor de las elevadas cifras de desempleo de nuestro país.

Como si de una indigestión se tratara, a muchos jóvenes, mujeres, algunos sectores de actividad y varias Comunidades Autónomas no parece que les haya sentado bien esta subida. En efecto, donde el gap salario medio/SMI es menor, el empleo sufre.

No podemos obviar que el sistema productivo de España es intensivo en capital humano. Y que la demanda de trabajo no es fija.

Del mismo modo que las cuentas no salen si se reducen jornadas manteniendo salarios totales con subidas indiscriminadas de salarios, las empresas buscarán modelos menos intensivos en personas donde la productividad no permita esa estructura de costes o mercados donde encontrar menores salarios.

Esta semana conocemos el propósito de elevar el SMI al 60% del salario medio, es decir, 1.200 euros al final de la legislatura. Para entender la proporción, tendremos una diferencia de aproximadamente un 25% menor del SMI respecto de los países con mayores SMIs de Europa (1.500-1.600 euros), cuando nuestro PIB per cápita se mueve entre un 35% y un 90% menor que dichos países de la Unión. Poca tarta para tantos comensales.

Macroeconomía, sostenibilidad y evolución de los salarios

El momento económico nos ofrece nuevas desigualdades en el reparto. La inflación se frena al 0,3% en el mes de agosto. Siendo la caída de esta variable habitual en momentos de desaceleración debemos mirar con lupa, no sólo el diámetro de la tarta, sino los ingredientes y su espesor.

En efecto, aunque la apariencia pueda ser a mayor evolución de los salarios y menor inflación nos lleven a la virtuosa espiral ascendente del poder adquisitivo, el consumo, la inversión y el conjunto de la demanda agregada, las subidas de salarios son heterogéneas y se producen sobre todo en los sectores, colectivos y territorios con los sueldos más bajos.

Pero es que además de que las subidas de los salarios cerrados en Convenios durante 2019 estén en una media del 2,3%, las pensiones crecen el 1,6%.  Dicen las voces expertas que si las pensiones se volvieran a revalorizar según IPC las subidas no superarían el 0,3%. La relación cotizantes/pensionistas ha pasado del 2,71 en 2007 al 2,27 actual. El nivel más bajo en los últimos 20 años.

España tiene mayor dinamismo en el consumo que otras economías occidentales. Pero de cara a las alegrías salariales, la prudencia de las empresas ante un futuro incierto es normal.

La previsión de crecimiento de PIB de la UE y sus mayores potencias son marginalmente positivas para 2020; mientras que en España parece que tendremos menores tasas de crecimiento. Por todo ello, para garantizar mayor riqueza y posibilitar una adecuada redistribución, es fundamental incrementar el tamaño de la tarta y la calidad de sus ingredientes, lo que se consigue con más y mejores empleos.

Competitividad y salarios

Nuestro modelo productivo necesita potenciar tanto la calidad y productividad de nuestro capital humano, trabajando tanto sobre la cualificación y especialización de nuestros trabajadores, como sobre la calidad de nuestro sistema retributivo.

España es un país donde en la retribución prima la antigüedad frente a otros conceptos variables más presentes en las economías más competitivas y más vinculados a la productividad.

Hoy se demuestra que este sistema basado en la antigüedad tiene, entre otras desventajas, que aumenta el sesgo salarial de género, ya que muchas mujeres pierden años de antigüedad/pluses durante sus excedencias/permisos por razones de maternidad.

Según un  reciente análisis de Eurofound, los incrementos salariales por pluses de antigüedad arrojan diferencias que lastran nuestra competitividad: en antigüedades superiores a 30 años, el salario se incrementa un 10% en los países nórdicos, mientras que en España puede llegar al 108%.

Mayor incertidumbre y suave debilitamiento del ritmo de crecimiento económico confluyen en anticipar la continuidad de la ralentización en la creación de empleo y en el ritmo de reducción del paro registrado.


  Javier Blasco de Luna
  Director, The Adecco Group Institute