Gestión del hogar y desigualdades de género en tiempos de Covid19

La crisis derivada de la pandemia del Covid19 ha traído, entre muchas otras cosas, una modificación en las ‘formas de hacer’ de las sociedades, los grupos sociales y los hogares. Sus formas de funcionamiento responden a largos períodos de negociación e interacción entre sus miembros, dando como resultado la aceptación compartida de determinadas dinámicas, o lo que se conoce como un ‘sentido común’ compartido. Este ‘sentido común’ colectivo se ha visto cuestionado ante las circunstancias socio-sanitarias que nos rodean, por lo que nos encontramos en un momento de reformulación de numerosos procesos sociales.

El reparto de las responsabilidades en la gestión del hogar constituye uno de los ámbitos sociales que se está viendo cuestionado con la nueva realidad. La consecución de una distribución igualitaria de estas tareas entre hombres y mujeres ha sido perseguida durante décadas mediante reivindicaciones para implantar normativas y políticas que fomenten la igualdad de género, siendo ejemplo de esto la Ley 39/1999 que promueve la conciliación de la vida familiar y laboral de las personas trabajadoras o la Ley orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres. En la actualidad, sin embargo, todos estos logros se están viendo erosionados por las nuevas dinámicas sociales, por lo que es urgente hacerles frente con el fin de evitar regresiones en la igualdad de género y el funcionamiento social.

La división sexual del trabajo

Se denomina división sexual del trabajo a las formas en que las sociedades han distribuido entre los hombres y las mujeres los ámbitos necesarios de participación social, dedicando históricamente los hombres su tiempo de trabajo a la esfera pública y quedando las mujeres relegadas al ámbito privado de los hogares (entendiendo éste como todo lo relativo a su funcionamiento cotidiano y los cuidados de sus miembros). Progresivamente esta distribución sexualizada entre lo público y privado se fue modificando y las mujeres pasaron a incorporarse también a las dinámicas de la esfera pública. Ejemplo de ello lo constituye, entre otros, el comportamiento de la tasa de actividad femenina española, que ha pasado del 66,2% en el año 2000 al 83,4% en 2019 para las mujeres entre los 25 y los 49 años (Eurostat, Labor Force Statistics).

A pesar de la normalización de la participación femenina en los distintos ámbitos públicos, la responsabilidad sobre las tareas del hogar y los cuidados siguió permaneciendo en manos de las mujeres, tal como lo reflejan las distintas investigaciones y encuestas de usos del tiempo (Encuesta de Empleo del Tiempo en España -ETT- o Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo).

Según la última EET (2009-2010), los hombres dedican una mayor cantidad de tiempo a todas las actividades a excepción de aquellas relacionadas con los cuidados y el hogar. Así, el 91,9% de las mujeres realizan tareas domésticas y de cuidado dedicándoles una media diaria de cuatro horas y 29 minutos, mientras que el nivel de participación de los hombres en estas actividades es del 74,7% dedicándoles una media diaria de dos horas y 32 minutos (INE, 2018).

A pesar de que las distancias entre los sexos han disminuido si se compara con los datos existentes en la anterior Encuesta de Empleo del Tiempo (años 2002-2003) éstas aún siguen demostrando una desigualdad estructural, y la principal incógnita que se plantea es si la crisis derivada de la Covid19 las está acrecentando.

Confinamiento, teletrabajo y conciliación en tiempos de Covid19

La situación de confinamiento experimentada en el segundo trimestre del año 2020 implicó numerosas transformaciones en la organización social, fundamentalmente relacionadas con la reconfiguración del hogar como centro de las actividades sociales, laborales y educativas. Los niños y niñas se vieron obligados a abandonar la asistencia a las escuelas y las personas adultas, en una proporción importante, a realizar las actividades laborales desde el hogar.

Todo esto, unido a situaciones concretas de enfermedad, significó un importante aumento de las tareas de cuidados y mantenimiento del hogar ya que la educación, la limpieza, los cuidados, la alimentación y un sinfín de actividades esenciales volvieron a recaer en el ámbito privado, demostrándose nuevamente que la familia sigue siendo la principal proveedora de cuidados (Martínez Buján, 2020).

Los hogares, por tanto, se vieron obligados asumirlas sin contar con redes de apoyo. De esta forma, como muestran algunas de las investigaciones realizadas sobre el reparto de tareas en los hogares durante el confinamiento, una de las consecuencias de este periodo es que la inercia social ha reproducido la tradicional división sexual del trabajo.

Las mujeres, atendiendo a las expectativas sociales y su desigual punto de partida en relación al ámbito laboral (con menores salarios, mayores jornadas parciales y mayor uso de las excedencias para los cuidados) han vuelto a asumir los roles como cuidadoras principales y así, como se indican en los resultados preliminares de diferentes investigaciones, la combinación de trabajos y cuidados consume a las mujeres todas las horas del día, aumentado de manera considerable su nivel de estrés y exigencia personal y, asimismo, provocando que su jornada laboral se desplace a las horas del día (madrugada) donde no existen otras obligaciones (Benlloch y Aguado, 2020; Farré y González, 2020).

Se podría establecer que, en realidad, todas estas situaciones se deben a un aumento del volumen en la demanda de estas tareas pero no a una transformación cualitativa en la organización de las mismas, ya que la situación de confinamiento, y semi-confinamiento posterior, no ha hecho más que colocar una lupa en una problemática social que se quería entender como formalmente superada pero que una situación de mayor fragilidad ha descubierto como insuficientemente resuelta.

Usos del tiempo en la era post Covid19

La situación de pandemia sanitaria, económica y social se está extendiendo más allá de los meses de confinamiento estricto. En la actualidad se producen un sinfín de situaciones ambiguas que implican la combinación de trabajo, cuidados y mantenimiento del hogar de una manera distinta a la existente previamente a la crisis sanitaria.

La propia legislación, en este caso en el Real Decreto-Ley 8/2020 de medidas urgentes extraordinarias para hacer frente al impacto económico y social del COVID19 y el Real Decreto-Ley 28/2020 de trabajo a distancia, señalan la necesidad de fomentar la corresponsabilidad entre hombres y mujeres y de evitar que las nuevas situaciones perpetúen los roles de género. Esto es indicativo de que las propias instituciones son conscientes de los riesgos para la igualdad de género que provocan las respuestas sociales y familiares surgidas en la nueva realidad.

Diversas instituciones internacionales (Eurofund, FMI) señalan que la crisis social y económica generada por la pandemia ha puesto de manifiesto tanto que las mujeres siguen responsabilizándose de manera desproporcionada de los aspectos de la reproducción social como que el mercado de trabajo se encuentra segmentado y que son las mujeres las primeras que tienen que asumir el sacrificio profesional y personal cuando la situación lo requiere. En definitiva, los distintos análisis demuestran que a partir de inercias estructurales se está produciendo una presión sobre las mujeres que tienen que asumir la sobrecarga, real y simbólica, de la organización de la vida cotidiana.

¿Qué nos depara el futuro?

El actual escenario sanitario y social debido al Covid19 no facilita el optimismo y la vuelta a la vieja normalidad a corto plazo, por lo que a medida que se extiende y perpetúa la crisis pandémica se plantea la necesidad de adoptar medidas que permitan afrontarla en todos sus frentes con el menor coste social posible. A pesar de la demostración explícita durante este período de la inevitabilidad de las actividades relacionadas con las condiciones materiales de vida de las personas, sigue existiendo una clara resistencia estructural al cambio de sociedad que implicaría la asunción de este principio y la aplicación de medidas para su consecución.

En este sentido, sería importante que desde las instituciones sociales se haga un esfuerzo por orientar la experiencia pasada y futura hacia una resiliencia social que facilite que los niños y niñas se socialicen en valores de igualdad de género. Para ello se debería pensar en herramientas concretas como, por ejemplo, un permiso individual y retribuido al 100% para cuidados para casos de enfermedad relacionados con la pandemia o  situaciones de confinamiento escolar, fomentar el desarrollo de servicios públicos de conciliación y cuidados (similares al Proyecto Concilia de la ciudad de Barcelona) o garantizar un desarrollo del teletrabajo con perspectiva de género (con el fin de evitar la invisibilidad y degradación del empleo femenino).

En definitiva, en este momento de Covid19 no se debería dejar pasar la oportunidad de poner la igualdad entre mujeres y hombres en el centro de las medidas legislativas, para así contribuir a la reproducción de un futuro digno para todas y todos.


  Magdalena Díaz Gorfinkiel
  Profesora Visitante lectora en el Departamento de Análisis Social, Universidad Carlos      III     de Madrid

 

 


  Vicente Díaz Gandasegui
  Profesor Visitante lector en el Departamento de Análisis Social, Universidad Carlos III    de  Madrid